
Los nevus, conocidos habitualmente como lunares, son lesiones cutáneas muy frecuentes que pueden aparecer en prácticamente cualquier zona del cuerpo. En la mayoría de los casos son lesiones benignas que no representan un problema para la salud. Sin embargo, algunos cambios en su aspecto pueden requerir una valoración médica para descartar lesiones potencialmente malignas, como el melanoma.
Conocer qué son los nevus, qué tipos existen y cuáles son sus principales signos de alarma permite prestar atención a la evolución de la piel y consultar con un especialista cuando sea necesario.
Un nevus es una lesión de la piel producida, generalmente, por una agrupación de melanocitos, las células responsables de producir melanina, el pigmento que proporciona color a la piel. Los nevus melanocíticos pueden ser planos o elevados y presentar diferentes tonalidades, desde el color de la piel hasta tonos marrones o más oscuros.
Los lunares pueden aparecer desde el nacimiento, aunque muchos se desarrollan durante la infancia y la adolescencia. También pueden aparecer nuevos nevus durante la edad adulta. Con el paso de los años, algunos pueden hacerse menos visibles o incluso desaparecer.
La presencia de varios lunares no significa necesariamente que exista una enfermedad. De hecho, los nevus comunes son muy frecuentes en la población. Lo importante es conocer las características habituales de cada lesión y prestar atención a cualquier cambio.
Existen diferentes tipos de nevus y no todos presentan las mismas características.
Nevus melanocítico común
Es el lunar convencional que aparece con mayor frecuencia. Suele ser pequeño, de forma redondeada u ovalada, con bordes bien definidos y una coloración relativamente homogénea.
Puede ser plano o presentar cierto relieve y localizarse en prácticamente cualquier zona del cuerpo.
Nevus congénito
Es aquel que está presente desde el nacimiento o aparece durante los primeros meses de vida. Su tamaño puede ser muy variable.
Los nevus congénitos de mayor tamaño requieren un seguimiento médico específico, ya que determinadas características pueden asociarse con un mayor riesgo de desarrollar melanoma.
Nevus displásico
Los nevus displásicos presentan características diferentes a las de un lunar común. Pueden tener mayor tamaño, formas irregulares, bordes poco definidos o diferentes tonalidades de color.
Tener un nevus displásico no significa que sea un melanoma. Sin embargo, determinadas personas con numerosos nevus displásicos pueden presentar un riesgo superior de desarrollar melanoma, especialmente cuando existen antecedentes familiares.
Por este motivo, el dermatólogo puede recomendar controles periódicos y realizar un seguimiento individualizado.
Uno de los aspectos más importantes en el control de los nevus es observar su evolución. Un lunar que permanece estable durante años suele ser menos preocupante que una lesión que comienza a cambiar.
La regla ABCDE es una herramienta sencilla que ayuda a identificar algunas características que pueden justificar una valoración dermatológica:
La evolución es especialmente importante. Un lunar que cambia en pocas semanas o meses debe ser valorado por un especialista.
También es recomendable consultar cuando un lunar comienza a picar de forma persistente, sangra, presenta ulceración, cambia de textura o desarrolla una lesión alrededor.
Además de la regla ABCDE, existe el denominado signo del «patito feo». Consiste en identificar un lunar que presenta un aspecto claramente diferente al resto de las lesiones pigmentadas de una persona. Este criterio puede ser especialmente útil durante la autoexploración de la piel.
No. La mayoría de los nevus son benignos y no evolucionan hacia un melanoma. Además, muchos melanomas aparecen directamente sobre piel aparentemente normal y no proceden de un lunar previo.
Por ello, no es necesario eliminar todos los lunares como medida preventiva. La decisión de extirpar un nevus debe basarse en sus características clínicas, su evolución, los antecedentes del paciente y, cuando sea necesario, el resultado del estudio anatomopatológico.
La detección precoz es uno de los factores fundamentales para mejorar el pronóstico del melanoma. Ante una lesión sospechosa, la valoración por un especialista permite determinar si es necesario realizar pruebas adicionales o proceder a su extirpación.
La valoración comienza con una exploración clínica de la piel. El especialista analiza el tamaño, la forma, los bordes, el color y la evolución de la lesión.
En determinados casos puede utilizarse la dermatoscopia, una técnica que permite observar estructuras de la piel que no son visibles a simple vista. Esta herramienta facilita una valoración más precisa de las lesiones pigmentadas y ayuda al especialista a decidir si es necesario realizar un seguimiento o una biopsia.
Cuando existe sospecha de melanoma, el diagnóstico definitivo requiere el estudio de tejido mediante análisis anatomopatológico. Para ello puede ser necesario extirpar la lesión, o una parte de ella en determinadas circunstancias, para analizarla en el laboratorio.
La extirpación de un nevus puede estar indicada por diferentes motivos.
En primer lugar, puede ser necesaria cuando existen características que hacen sospechar una lesión maligna o potencialmente precancerosa. En estos casos, además de tratar la lesión, la extirpación permite obtener tejido para su análisis.
También puede plantearse la eliminación de un lunar cuando se encuentra sometido continuamente a traumatismos. Por ejemplo, algunos nevus localizados en zonas de roce con la ropa, el cuello, el cinturón o determinadas zonas de la cara pueden irritarse de manera repetida.
Por último, existen motivos exclusivamente estéticos. Una vez confirmado que se trata de una lesión benigna, el especialista puede valorar las diferentes opciones disponibles para eliminarla, teniendo siempre en cuenta su localización, tamaño y características.
Es importante evitar métodos caseros para eliminar lunares, así como productos o procedimientos no supervisados médicamente. Una lesión pigmentada debe ser diagnosticada antes de decidir cualquier tratamiento.
La prevención del cáncer de piel debe comenzar con unos hábitos adecuados de protección solar. La exposición solar acumulada y las quemaduras solares son factores relacionados con un mayor riesgo de cáncer cutáneo.
Utilizar protección solar adecuada, evitar exposiciones prolongadas durante las horas de mayor intensidad y proteger la piel mediante ropa, sombreros y otras medidas físicas son estrategias importantes.
También resulta recomendable realizar periódicamente una autoexploración de la piel. Conviene revisar no solo las zonas más visibles, sino también el cuero cabelludo, la espalda, las plantas de los pies, las palmas de las manos y otras áreas que pueden pasar desapercibidas.
La aparición de un lunar nuevo o el cambio de uno existente no significa necesariamente que exista un melanoma. Sin embargo, cualquier lesión que presente características diferentes o una evolución llamativa debe ser valorada por un especialista.
Los nevus forman parte de la piel de muchas personas y, en la mayoría de los casos, son lesiones completamente benignas. La clave no está en preocuparse por cada lunar, sino en conocer la propia piel y detectar aquellos cambios que puedan requerir una valoración médica.
Una revisión dermatológica permite diferenciar los nevus habituales de aquellas lesiones que presentan características atípicas y necesitan un seguimiento específico. La identificación temprana de una lesión sospechosa puede ser determinante en el diagnóstico y tratamiento del melanoma.
Por ello, ante un lunar que cambia de forma, tamaño o color, presenta diferentes tonalidades, sangra, produce síntomas persistentes o simplemente resulta diferente al resto, es aconsejable consultar con un especialista.
En cirugía plástica y reparadora, la valoración individualizada de cada lesión es fundamental para determinar el procedimiento más adecuado, especialmente cuando se plantea la eliminación de un nevus por motivos médicos o estéticos.
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*Este artículo tiene carácter meramente informativo y no sustituye en ningún caso el consejo de tu médico, única persona autorizada para realizar un diagnóstico.